Triacastela, donde el Camino vibrará bajo tus pies

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Sólo la fuerza de la propia Tierra interrumpe esporádicamente la serenidad que emana del valle de Triacastela, una localidad que se hizo famosa en 1997 por ser el epicentro de uno de los mayores terremotos registrados en España el siglo pasado. De todas formas, os aseguramos que vuestro paso por estas tierras transcurrirá con la misma tranquilidad con la que el río Oribio dibuja los bosques de robles y castaños característicos de este lugar, estrechamente relacionado con el Camino.

Cuenta la leyenda que de los montes de Triacastela salió buena parte del material empleado para construir la catedral. Muchos peregrinos cogían una piedra de una cantera calcárea situada en la zona y la transportaban consigo unos 100 kilómetros hasta el lugar de Castañeda, en Arzúa. Allí la dejaban en el horno de cal que trabajaba para la obra del templo, de modo que cada persona que llegaba a Compostela realizaba su contribución.

El origen de Triacastela no está demasiado claro. Ni siquiera su topónimo. Hay quien lo asocia a la existencia de tres castillos, representados en la torre de su iglesia. Otras versiones dicen que se debe a los tres castros celtas que existieron en la zona, todos ellos documentados y catalogados. Lo único seguro es que en el Códice Calixtino ya aparecía mencionada Triacastela como el final de la undécima etapa del Camino. Restos de construcciones como un antiguo hospital o una cárcel son los testimonios ruinosos del apego jacobino de esta villa, que precisamente por influencia del Camino cambió la dedicación de su iglesia: si inicialmente veneraba a Pedro y a Pablo, ahora es Santiago Matamoros el que preside el retablo de este templo barroco, principal monumento de la localidad.

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Quizás en breve Triacastela tenga un atractivo añadido, pues en 2012 un equipo de la Universidad de Santiago de Compostela descubrió en la cercana Cova de Eirós las primeras muestras de arte rupestre del paleolítico halladas en el noroeste de la península. De momento sólo se permite el acceso a arqueólogos pero podrían ser sin duda un revulsivo para una localidad de apenas 700 habitantes que os recibirá con multitud de servicios a pesar de su pequeño tamaño: centro de salud, banco, supermercado, bares, seis albergues y cinco casas rurales.

Os sentiréis bien acogidos en Triacastela, aunque os hará dudar: en este punto el camino se bifurca y deberéis decidir si llegáis a Sarria por San Xil o por Samos. Los más puristas dicen que la primera opción es la original. En ese caso completaríais una de las etapas más cortas del camino (18 kilómetros) aunque no exenta de dificultad. El pronunciado ascenso de la parte inicial hasta el Alto de Riocabo y un firme de tierra y piedras complican el camino. Lo compensarán las sensacionales vistas sobre el valle y la singularidad de la pequeña aldea de A Balsa, donde os encontraréis un albergue ecológico construido con donativos por dos peregrinos que se enamoraron en el Camino y decidieron cambiar el rumbo de sus vidas.

La alternativa de Samos ha sido tradicionalmente secundaria. La principal desventaja son los largos tramos de asfalto donde una carretera sin arcén se convierte en el propio Camino. No obstante, el gran reclamo de esta variante es el imponente monasterio de Samos y la capilla del Salvador con su ciprés centenario, situado entre los 50 árboles más notables de España. El puente y el lavadero de San Cristovo o los molinos de Renche completan el encanto de esta etapa de 21 kilómetros que merece la pena.

San Xil, Samos. Samos, San Xil. La opción descartada se convertirá en un buen motivo para repetir el Camino.

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