Santiago de Compostela, la meta del Camino

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Santiago es la meta. El fin del Camino. Podemos aseguraros que haber completado una experiencia tan enriquecedora no podría tener mejor colofón que esta ciudad declarada en 1985 Patrimonio de la Humanidad por su “extraordinario conjunto de monumentos”, su “enorme significación espiritual” y por ser “una ciudad ideal que desborda a la vez historia e intemporalidad”.

Así define la UNESCO el lugar donde la lluvia es arte. Eso se dice de la  segunda ciudad europea con mayor volumen de precipitaciones anuales, la misma que os recibirá con un enorme patrimonio en excelente estado de conservación forjado a base de lluvia y piedra desde principios del siglo XI, momento en que se comenzó la construcción de la actual catedral; el icono alrededor del que se ha ido articulando la historia de Santiago.

Como buenos peregrinos que sois no debéis perderos uno de los mayores espectáculos visuales que brinda el templo: la puesta en marcha del botafumeiro, nombre con el que se conoce el incensario gigante usado desde la Edad Media para purificar el ambiente de un templo en el que se congregaba una multitud de personas. Para ponerlo en movimiento se necesitan ocho hombres, llamados tiraboleiros, que tiran con fuerza y precisión cuando se halla en el punto más bajo de su recorrido. De esta forma el botafumeiro alcanza en sólo minuto y medio una velocidad de 65 km/h y forma un ángulo de 82 grados sobre la vertical. Con una altura de 1,60 metros, pesa 62 kg cuando está vacío y alcanza los 100 kg cuando se llena de incienso y carbón. Podréis verlo en funcionamiento todos los viernes a las 19:30.

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Si os apetece tener una perspectiva menos convencional de la catedral y de la propia ciudad os recomendamos una visita guiada a sus cubiertas escalonadas, que os permitirán entender mejor las distintas fases de construcción del templo y os ofrecerán unas vistas inmejorables de las plazas monumentales, los tejados y los montes circundantes.

Tras la catedral el segundo lugar más visitado de Santiago es su plaza de abastos. Sin duda la visita merece la pena; no sólo por ser, con sus más de 300 años en funcionamiento, unos de los mercados más antiguos de España, sino porque os brindará una buena oportunidad para sumergiros en el día a día de la ciudad a través de sus pasillos de piedra llenos de gente y sus excelentes productos frescos. Carnes, pescados, mariscos, frutas y hortalizas llenarán de color y olor vuestros sentidos y os acercarán también a la realidad y a la gastronomía Galicia.

Si queréis completar vuestra inmersión en la cultura gallega lo mejor que podéis hacer es visitar el Museo do Pobo Galego, ubicado en el antiguo convento barroco de  San Domingos de Bonaval y donde se muestran diversos aspectos del mundo del mar, los oficios, el campo, la indumentaria o la arquitectura tradicional de nuestra tierra. En la iglesia de este antiguo monasterio se encuentra el Panteón de Gallegos Ilustres, donde reposan los restos, entre otros, de la famosa poetisa gallega Rosalía de Castro o del artista y político Alfonso R. Castelao, dos iconos históricos en Galicia.

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Ya en el exterior y apenas a un par de pasos, os encontraréis con el parque de San Domingos de Bonaval, ejemplo de otro de los atractivos de la ciudad que no os podéis perder. De todos estos espacios privilegiados el más concurrido y conocido es la Alameda, un punto de referencia para los paseos y el ocio de los santiagueses que bordea una parte del casco histórico y ofrece además unas hermosas vistas de la plaza del Obradoiro y la fachada de la catedral.

Una escalinata conecta este espacio con el Campus Sur, un espacio universitario diseñado siguiendo la idea decimonónica de “ciudad jardín” que integra zonas verdes, equipamientos deportivos y residencias para estudiantes. Un buen lugar para el paseo a los pies del Monte Pedroso, el más emblemático de la ciudad, el mirador por excelencia al que podréis llegar tras una caminata de 40 minutos. A vuestros pies tendréis la catedral enfrentándose al ocaso y unas vistas inmejorables de Compostela (Campus Stellae, el campo de las estrellas).

Esta denominación está estrechamente vinculada a su historia: cuenta la tradición cristiana que los discípulos del Apóstol Santiago (Teodosio y Atanasio) enterraron sus restos en algún sitio del Finis Terrae hispano, el lugar más lejano en el que había predicado. Muchos años más tarde, en el primer cuarto del siglo IX, el ermitaño Paio ve cómo unas luces o estrellas iluminan las ruinas de una antigua necrópolis. Informa del hallazgo al obispo Teodomiro y éste identifica los restos del sepulcro iluminado como los del Apóstol Santiago. A su vez comunica el hallazgo al  monarca del reino astur-galaico Alfonso II, que no duda en emprender camino hacia Santiago. Se convierte así en el primer peregrino de la historia y sienta las bases de la ruta jacobea más antigua, la conocida hoy en día como Camino Primitivo.

A medida que vuestros pasos os acerquen al Obradoiro por las calles empedradas de la ciudad sentiréis no sólo la emoción de haber llegado a vuestra meta, sino también la conexión con un lugar histórico y con los cientos de miles de peregrinos que, como vosotros, han completado durante siglos esta ruta milenaria. Enhorabuena, sois parte de la historia.

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